lunes, octubre 13, 2008

Por un puñado de votos

Un día más un día menos. Un voto más un voto menos. El feriado evangélico tan aceleradamente aprobado (ojalá sea así también con otras leyes) corre el riesgo de transformarse con el tiempo sólo en una fecha marcada en rojo en el calendario. Probablemente a través de los años nadie entenderá por qué es día inhábil y, como tantas fechas coloradas, sólo significará un día más de asueto. Uno, entre tantos otros que se celebran en Chile.
Pero vamos por parte. Qué significa el feriado del 31 de octubre. Para algunos es el reconocimiento a un pueblo que crece en el país. Un beneficio por la desinteresada labor de bien común que ha significado que muchos salgan de vicios y lacras y se transformen, a la larga, en personas útiles. En buena hora que así sea.
Para otros en cambio (y me parece que esto no lo reconocerán nunca) es una jugada demagógica que permitirá, con calculadora en mano (igual que la selección de fútbol), sacar cuentas alegres de algunos votos provenientes de los protestantes —estoy seguro que muchos de los que calculan sólo dicen “canutos”—. O sea congraciarse con un grupo que va en franco crecimiento y que con el tiempo se ha transformado en una fuerza social y… en definitiva, en sufragios. Ya no son ignorantes o gente del último estrato social. Ahora hay estudiantes, profesionales, empresarios y deportistas que profesan la fe. La cosa ha cambiado con los años y probablemente cambie más.
Pero, ¿era necesario agregar un día feriado? Nuestros legisladores hicieron nulo caso a las señales llegadas desde todo el mundo que hablan de la crisis económica más importante de la historia (incluso más que la “gran depresión”). Me parece que lo que proyectan es totalmente equivocado. Hay crisis, entonces descansemos. Sinceramente creo que el camino va por el producir más que por la holgazanería.
Aparte, la doctrina reformista —más aún la que viene desde América del Norte— habla de una mirada ética diferente a la católica. Para el protestante promedio, el trabajo es una bendición. Un regalo de Dios y no una carga o un castigo (“Ganarás el pan con el sudor de tu frente…) como enseña el catolicismo convencional. Por lo tanto, honrar a los evangélicos con un día feriado va contra todos los principios de aquella fe.
Por último, probablemente el grupo de líderes que cantó “coritos” en el Congreso no tenga mucha representatividad en el resto de los fieles reformados del país. Eso, tomando en cuenta las innumerables iglesias, congregaciones y movimientos que hablan de una diversa y compleja red de creyentes chilenos.
Con todo, es posible pensar que tras la rápida aprobación legal del asueto, los cristianos evangélicos hayan sido usados (como han sido usados otros grupos) para sumar algunos votos y caer en gracia. Me parece que el reconocimiento no va por un rojo en el calendario (Chile tiene el segundo puesto en días feriados de Sudamérica), sino que por el camino de la no discriminación y porque la Ley de Culto de verdad sea letra viva y no muerta. Y ojo, este posteo en el blog no esconde resentimiento hacia la religión u otra cosa parecida. El que escribe estas letras se sienta hace ocho años en una banca de iglesia y no precisamente una católica.